Catalunya: Brecha sin destino

Por: Carlos Arturo Craca Gómez

Los catalanes se sienten y en esencia son catalanes. Un pueblo con su  historia, una lengua particular y una idiosincrasia distinta a la española.

La secesión es un sentimiento que aspira Cataluña y el cual no admite posiciones dubitativas.

Hay una brecha entre lo jurídico y la realidad. Ellos votaron para independizarse. El Estatut impuesto en 1978 por el gobierno español es percibido como un cuerpo normativo no acorde con su realidad.

El Tribunal Constitucional obvio durante mucho tiempo esa verdad hasta que Cataluña decidió ir al referéndum el 1 de agosto. En forma contundente se expresó en el acto refrendario  que con  antelación había contado con el apoyo popular y la suficiente legitimidad al ser aprobado por el parlamento autonómico.  

Ejercer el derecho al voto es un acto soberano. A España le cuesta reconocer ese derecho inalienable de un pueblo que se niega a ser español. Los catalanes no  están ganados  para la continuidad sino para la ruptura. That its the question?

El soberano derecho es considerado por el Tribunal Constitucional   ilegal e inconstitucional. Al mismo tiempo es rechazado por el gobierno de Rajoy. Una perfecta complicidad entre el jefe de gobierno y la magistratura. Cataluña desaprueba las tropelías cometidas por la fuerza pública, la “legitimidad” constitucional  y la conducta de un gobierno que miente y utiliza sus recursos para torpedear la victoria  del SI.

Las diferencias sociológicas entre catalanes y españoles son absolutamente visibles  por más que el Tribunal Constitucional obvie una realidad que no se adecúa a  la legalidad impuesta. La decisión ha  separado más a Cataluña de España. La brecha es insalvable.

Las circunstancias y el nacionalismo  no la han entendido los políticos de turno, todo lo arreglan con las formas jurídicas, en su lugar han respondido con la represión movilizando jueces, fiscales y policías para garantizar el poder punitivo del Estado en vez de la negociación concertada para que el pueblo catalán dirija su destino como nación.

Las urnas demostraron que las gentes reclaman cambios,  que exigen la separación de España. No hay mejor argumento que el rechazo del 80% de la población a la imposición centralista. En democracia una política es correcta cuando obtiene el favor del escrutinio popular. Los resultados son inapelables.

La Santísima  Trinidad (el PP, Rajoy y el Tribunal Constitucional) se saltó a la torera el Estatut de los Catalanes. Ese Estatut fue aprobado  por el parlamento español, por el parlamento catalán, para luego someterlos  a suscribir un estatuto que no han votado,  se apropiaron de la soberanía de un pueblo que les ha dicho !basta!

El presidente de la Generalitat, Charles Piugdemont, declaró la independencia  porque ese es el mandato del 1-O, pero mientras Cataluña decide la ejecutoria, el gobierno español continúa cercenando su autonomía,  despojando a sus ciudadanos de los derechos civiles y políticos en flagrante violación al principio de auto determinación de los pueblos.

Los factores de poder no cesan en su hostigamientos y han convocado este 8 de octubre una manifestación en contra de la independencia con el lema “Cataluña somos todos, no solo los nacionalistas”.

Ojalá  no se cumplan la sentencia del genio Salvador  Dalí, el surrealista Dalí:  ”¡Viva el Rey! ¡Viva España!  ¡Viva Cataluña!”.

 

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