Sadomasoquismo en la política venezolana

A Roxana no le faltaron advertencias, sus amigas ya la habían puesto sobre aviso. ¡De ese badulaque, no esperes nada bueno! le advirtieron. Y hasta el propio objeto de su deseo, el jefe de la empresa en la cual labora, desde el inicio mostró sus intenciones: soy un hombre casado, lo mío es sexo recreativo, nada en serio. Eso le espetó el Don Juan, pero las ganancias secundarias y de corto plazo cautivaron a Roxana. Diversión, halagos, obsequios y momentos gozosos que suponía merecidos. A pocos meses de aquel derroche de pasión, un sorpresivo embarazo cambió la coloración
rosa del romance. Ahora se trataba de una gris fiscalía, inapetente para espíritus animados sólo por el deleite. Ante aquel hecho, la reacción de sus amigas no se hizo esperar. ¡Te lo advertimos! Mientras el cazador furtivo hacia lo propio: ¡Te lo dije, te embarazaste tu, yo no! Roxana rompió la relación y barajó sus tres opciones: asumir su maternidad en solitario, acudir a la ley, o suprimir la vida de su retoño. Pero triunfó el principio del placer. Roxana suprimió la vida que le había separado de su “gran amor” y así pudo recuperarlo. Pero sacrificó su dignidad, su credibilidad y la franca amistad de sus amigas. Ahora conocería la violencia ejercida por su amante perverso y su férreo dominio. Atravesó el umbral del control
social informal para retomar lo que habían dejado atrás. Sus amigas, antes unidas, se debaten entre el desprecio y la compasión, entre el estupor y la alcahuetería.


2.- Relaciones tóxicas.

Maduro somete el presupuesto del 2018 a la consideración de la flamante ANC y Julio Borges hace un descubrimiento trascendental: ¡eso es ilegal! declaró. Ya no se trata del ejercicio de una Asamblea Nacional Constituyente ilegítima e ilegal, ahora lo ilegal es que aquella discuta el presupuesto. ¿Habrá logrado avanzar el gobierno en sus propósitos? Pero, ¿qué habría pasado si Maduro hubiese enviado el presupuesto a la legítima A.N? La vejación habría sido mayor pues aquella, en la práctica no existe, o al menos no logra combinar sus sesiones con la campaña electoral, caminar y mascar chicle como se ofreció. Entre tanto, la MUD acusa al CNE por la violación de leyes electorales, al No dar curso a la sustitución de candidatos
para las elecciones de gobernadores del 15 de octubre. Y uno se ve tentado a recordar a Roxana: ¿Acaso no se te advirtió? ¿Esperabas un trato diferente si ya te acostumbraste a la humillación? ¿Qué harás si el 16-O se produce un fraude descarado que aborte un triunfo electoral opositor? ¿Acudirás al T.S.J? ¿Romperás la relación para luego volver? ¿Qué parte de la política como guerra aún no entiendes? Son los signos inequívocos de una relación tóxica entre el Poder Chavista y la Oposición. La cohabitación enfermiza, en medio del abuso permanente “normalizado” en la conciencia colectiva. ¿A qué punto de la degradación habrá llegado el país, cuando el abuso y la permanente violación tocan directamente al inerme liderazgo opositor? ¿Qué puede esperar el ciudadano común de una relación en la cual su representación es ultrajada pero a la vez se aferra a la legalidad
que enmarca su propio ultraje? Como los amigos de Roxana, nos debatimos entre el desprecio y la compasión, entre el estupor y la alcahuetería. ¿De qué o de quiénes se puede ser líder y a la vez, admitir el permanente ultraje?


3.- Alcahuetes por ciudadanos

Algo muy feo se respira en la actual contexto electoral. Reina la frialdad como nunca, y ya no son suficientes los pañuelos para tolerar el hedor nacional. Algo se abortó en la conciencia nacional. Quienes pretenden explicar el abstencionismo del 2017 con los mismos argumentos del 2005, no viven el país, no tienen conexión con la realidad, o no tienen sangre en las venas: Estamos presenciando la normalización de la violación y el abuso en la conciencia colectiva. Se hace natural el atropello y nuestros propios líderes se someten a la permanente humillación. ¿Qué hay para el resto? Tal vez los sesudos asesores electorales podrían resolver el perturbador acertijo. Tal vez ellos podrían hallar la fámula discursiva que permita conectar emocionalmente un liderazgo de perdedores sometidos al poder, con la voluntad de lucha y el espíritu de insumisión que atrás se dejó. Entre tanto, seguiremos ejerciendo la alcahuetería política de los sometidos al poder. Seguiremos observando, ya sin asombro, el atropello cotidiano, el corralito bancario sin chistar, la fila del combustible, interminable y agotadora en el país de las mayores reservas petroleras del mundo. Ya habituados a
la escasez, no nos causará asombro empeñar la quincena en los tres primeros almuerzos del mes. Ya no causará estupor ni asombro, un parto en el piso de un hospital, ni el encarcelamiento de inocentes, ni la tortura, ni hurgar entre la basura para comer, ni la violación del hogar. Haremos la gerencia del hambre y la muerte en lugar de luchar. El amante perverso nos somete, nos permite votar, con tal de abortar nuestro espíritu de insumisión.


4.- Las verdaderas razones para votar.

Entrampados en esta relación tóxica, inmovilizados y ya en un callejón sin salida, incurrimos en un pleonasmo: ¿debemos votar? Es como preguntarle a quien se está ahogando: ¿Le auxilio o le dejo ahogarse? Pregunta tardía, presentista y constrictiva que evade los errores que nos llevaron a la encrucijada o nos colocaron con el agua al cuello. Colocados en el aquí y el ahora, resultan inútiles las miradas atrás. Votaremos por lástima, por solidaridad mecánica, por despecho, por rabia, por piedad o por locura. Otros votarán porque no hay otra cosa que hacer. Los abstencionistas en cambio, pensaran que Roxana no tiene remedio, y no les falta razón. Porque es muy diferente preguntarse por el ¿qué hacer? a plantearse una
reflexión auto crítica interrogándose por el ¿qué se debió hacer? El tiempo pasado del verbo marca la diferencia comprensiva del fenómeno, pese a su inutilidad política en el presente. Pero algunas cosas están suficientemente claras: 1) No se llama a votar como parte de una estrategia general para la toma del poder, simplemente porque tal estrategia no existe. 2) Votar es la única opción hasta tanto no existan organizaciones fuertes dispuestas a diversificar sus métodos de lucha para minar el poder desde sus entrañas, 3) La cohabitación sumisa propia de aquella relación tóxica liquida el
clásico argumento de votar para conservar espacios de poder. El basurero en que se convirtió la A.N, atenazada `por la ANC, desmiente tegóricamente este argumento. Y 4) En las regionales no se juega la república, ni la democracia o la libertad. Se juega la subsistencia de los partidos políticos, asfixiados por la negativa del amante perverso para pagar los sueldos de los diputados. El desplazamiento hacia las gobernaciones se explica por la búsqueda de financiamiento que podría dar nuevo aliento a la lucha política, si la gente vuelve a creer. En una relación tòxica, negar la verdad
siempre será conveniente a los fines del amante perverso.

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